El mundo actual exige a las empresas a mantener una buena imagen corporativa, tanto de manera interna como externa. Con la masificación del uso de redes sociales, es muy fácil que un problema de imagen acarree toda una crisis en una marca reconocida. De ahí que las empresas cuiden mucho lo que se habla de ellas.

De igual manera ocurre con los emprendimientos, y con las personas detrás de ellos. Si usted es dueño de una empresa, debe crear una imagen de credibilidad y seguridad ante su público, y de confianza y liderazgo ante sus propios trabajadores y colaboradores. Son herramientas fundamentales para crear un clima adecuado entre los actores involucrados.

El aspecto físico no es una cuestión menor. Especialistas y psicólogos sostienen que desarrollar una imagen debe ser un proyecto integral, es decir, que abarque aspectos que van desde la vestimenta hasta la identidad. Ambos factores deben sumar entre sí para lograr dejar buenas sensaciones en los demás.

Según Zonacaballeros, el líder de un grupo puede vestir de forma elegante o casual, no obstante, independientemente de cómo vaya vestido, su vestimenta no debe opacar su presencia, sino más bien encantar a quienes lo rodean. Así, la forma en la que vamos uniformados debe complementarse con las aptitudes que tenemos.

De acuerdo con la Federación Latinoamericana de Coaching, el liderazgo y la personalidad son elementos que deben resaltar más allá del vestuario que use. La unión de las habilidades y aptitudes del líder junto con un adecuado atuendo, fortalecerán la imagen individual y empresarial.

Además, la empresa sostiene que de manera inconsciente todos proyectamos nuestra personalidad a través de la imagen que mostramos al exterior. De esta manera, se concluye que no podremos llevar correctamente las riendas de un negocio o empleo si no tenemos las actitudes y el liderazgo necesario.

El competitivo mundo laboral necesita de profesionales con ciertas competencias y fortalezas. Además del estilo propio en la apariencia personal, se debe buscar un equilibrio con las aptitudes académicas para lograr los objetivos trazados en el campo laboral.

La elegancia y sobriedad de una persona se refuerza con una adecuada vestimenta. Pero los especialistas sostienen que debe ser usado como un plus, sin que reste importancia a las capacidades y destrezas de la persona que los porta.

En todo caso, ninguna característica debe minimizar a la otra. Se requiere de un perfil integral, lo cual no resulta tan sencillo de alcanzar. El equilibrio entre personalidad y competencias se consigue con el aprendizaje. Sin embargo, cabe destacar que para lograr una buena imagen profesional, se empieza por demostrar una buena imagen personal.

Debemos partir de esta premisa, y así más adelante pulir los aspectos profesionales. Recordemos que el objetivo es cautivar a nuestros colaboradores, en pos de alcanzar los objetivos y metas trazadas a corto, mediano y largo plazo.

Tal como la imagen corporativa de una institución se desploma en cuestión de minutos, cuando alcancemos un reconocimiento llega el momento más difícil: mantenerlo. Debemos procurar mantener una actitud de empatía, siempre con una actitud dispuesta a ayudar a quienes trabajan con nosotros y forman parte del mercado. Además, implica en reflejar lo que queremos mostrar, y ello consiste en actuar en coherencia con lo que decimos.

Con el tiempo, la gente se formará una idea de quiénes somos. Pero basta algún hecho desafortunado para que esta imagen se pierda o deteriore. Recuperarla resulta a veces casi imposible. Y es que actualmente cualquier persona cuenta con un dispositivo con grabadora o cámara y puede registrar alguna actitud, subirla a redes sociales y destruir nuestra bien ganada reputación.

No obstante, tengamos en cuenta que no solo lo que decimos habla de nosotros, nuestra forma de comunicación se define también en lo que proyectamos, en la forma de vestir, en los lugares que frecuentamos y los amigos con quienes nos reunimos.

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